
Dicen que de los errores se aprenden, y espero que, con más de 30.000 desaparecidos, haya sido suficiente enseñanza por el resto de nuestra existencia.
Nosotros merecemos mucho más que eso. Pero, principalmente, merecemos que se nos respete. Nuestras opiniones, nuestra libertad, nuestros derechos, son eso... NUESTROS.
Así que digamos hoy, y siempre...
¡NUNCA MÁS!
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